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Para que el alimento pueda ser utilizar adecuadamente por nuestro cuerpo hace falta que la digestión funcione de la mejor manera posible. Si el proceso digestivo está comprometido de alguna manera, no podremos sacar partido de los alimentos, por muy equilibrados y naturales que sean. Una manera sencilla de potenciar la nutrición es comer regularmente alimentos fermentados.

El proceso de fermentación es en cierto modo mágico; hay una transformación del alimento, de sus componentes, que hace que se vuelva más rico en algunos nutrientes y que adquiera propiedades que no tenía el alimento de origen. De este modo el alimento fermentado contiene:

  • Enzimas digestivas. Las enzimas digestivas tienen la función de romper el alimento porque lo podamos absorber. El alimento fermentado aporta una dosis “extra” de estas enzimas (que se segregan de forma natural a lo largo del aparato digestivo).
  • Bacterias beneficiosas para la salud de nuestros intestinos; es decir actúa como probiòtic.
  • Vitaminas, sobre todo del grupo B y C que se sintetizan en el proceso de fermentación y que no estaban originalmente en el alimento.

Quiero matizar una cosa; no todos el tipo de fermentados son igualmente saludables. La fermentación alcohólica (whisky, vino, cerveza) o la acética (vinagres), no comporta para nada estos beneficios. La que sí nos interesa es la fermentación láctea (que no tiene nada que ver con los lácteos, sino con que en el proceso se sintetiza ácido lácteo.

Me parece mucho interesando el poder aportar cada día a nuestro plato algún tipo de alimento con esta fermentación. Algunos de los más sencillos de encontrar o de hacer son los adobados o pickles de verduras (por ejemplo el xucrut, que es col fermentada); los puedes encontrar en tiendas de productos naturales; en las tiendas convencionales es muy probable que traigan azúcar o vinagre (los pepinos por ejemplo) por el que se ven anuladas sus propiedades. Otro abanico de productos son los fermentados derivados de la soja como el tempeh, el shoyu, la sala de soja y el miso. Este último además tiene un alto contenido de aminoácidos, proteínas de fácil digestión y minerales; aumenta la vitalidad, ayuda a eliminar la radiación del cuerpo y favorece la concentración (sólo hay que tener cura que no hierva porque no se pierdan sus propiedades).

Comer un poco de alimento fermentado es un hábito fácil de incorporar, no requiere mucho esfuerzo y aporta muchos beneficios a tu digestión y a tu salud.

Fuente: Bio Eco Actual